Cómo empezó todo. Parte 1.

Es justo reconocer que soy un buen procastinador. Quizás no el mejor, pero me apaño. Y bastante obsesivo. Cuando hay algo que despierta mi curiosidad, busco, investigo, leo, recopilo… todo lo que se me pone a tiro. Pierdo horas en cosas que jamás tendrán retorno. O quizás sí. 

unmemory llegó en uno de esos “viajes”. Buscaba ejemplos de narrativa gamificada. Cosas como Harmonia de Liza Daly, Blackbar, Device 6​, o los “libros que no se pueden imprimir” de Editions at Play. Jugaba a Gone Home o Papers, Please, o retomaba cosas antiguas como Samorost o Machinarium de Amanita Design. También me entretenía buenos ratos probando recursos interactivos como el texto telescópico, este texter o este otro experimento junto con algunos efectos visuales

También dedico tiempo a buscar una historia. No me pongo a trabajar en ello de manera concreta. Más bien leo mucho y anoto ideas. Sobretodo cómics. Cosas como Criminal de Ed Brubaker y Sean Philips, Parker de Darwyn Cooke o Ardalén de Miguelanxo Prado. Éste último trata sobre la memoria y me gusta especialmente. También leo novela negra como Los amigos de Eddie Coyle de George W. Higgins, Vestido de Novia de Pierre Lamaitre o El Ojo del Espectador de Marc Behm. 

Hay un momento en el que de manera un tanto aleatoria pienso que quizás lo mejor es buscar una historia y hacer una adaptación. Eso puede facilitarme las cosas. Se me ocurre que debe ser “interactiva” en el sentido que busque la participación del espectador. En seguida me vienen dos películas a la cabeza: Memento de Christopher Nolan y Mulholland Drive de David Lynch. Son películas que me gustaron mucho hace tiempo y que siempre he sentido “interactivas” porque de alguna manera, mientras las veía y también después, mi cabeza no paraba de tratar de construir el puzle de la historia. 

Veo Memento un par o tres de veces. Incluso una versión ordenada cronológicamente. También vuelvo a ver Mulholland Drive. Y otra película sobre la memoria: No Confíes en Nadie con Nicole Kidman, que no me gusta tanto pero que me sirve para coger alguna idea. Con todo, me pongo a escribir un pequeño guión de la historia que reescribo varias veces hasta completar 10 capítulos. Más o menos una página por capítulo.

A medida que voy escribiendo voy metiendo ideas nuevas, referencias y cosas que siempre me han gustado. Por ejemplo, el movimiento de culture jamming de los 90 al que me acerqué con revistas como AdBusters, el libro PRANKS o el festival Influencers.

Y por supuesto, puzles. Investigo y recopilo un montón de puzles. De todo tipo: de memoria, de deducción, de lógica… Compro algún libro de Martin Gardner. A medida que escribo la historia me voy dando cuenta de que los que mejor encajan son los de “abrir cerrojos”, así que me pongo a jugar a un montón de juegos de escape: The Room, Rusty Lake, Viridian Room, Sagrario’s Room, Agent A… y algún libro como Journal 29 o La Casa de Papel.

Todo esto, y alguna cosa más, pasa por mi cabeza en algún momento mientras escribo las escenas, imagino los personajes o los escenarios y diseño los puzles.











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